jueves, 29 de octubre de 2009

No te tomes tus pensamientos demasiado en serio!



El siguiente es un párrafo de un libro que atrapó mi atención y quiero compartirlo....


“Por un momento pude distanciarme de mi mente y verla, como quien dice, desde una perspectiva más profunda. Hubo un paso breve del pensamiento a la conciencia…..En ese momento en que pude separarme de mi mente, solté la risa. Pudo haber sonado como la risa de un loco, pero era la risa de la cordura, la risa del Buda del vientre grande….”La vida no es tan seria como la mente pretende hacerme creer” parecía ser el mensaje de la risa”


La creación de un falso YO
Por años hemos estado totalmente condicionados e identificados con nuestros pensamientos y vivimos la mayor parte de nuestra vida aprisionados por ellos, perdidos en nuestras interpretaciones conceptuales de quienes somos.
Son muchos los pensamientos o ideas que van creando poco a poco un sentido de ser con el cual nos vamos identificando: el lugar de nacimiento, el género, la raza, la religión, la profesión. Existen también funciones con las cuales nos identificamos: ser padres, ser hijos, esposa, esposo, tener o no conocimiento, lo que nos gusta y aquello que nos disgusta, lo que tengo y lo que no tengo, todas aquellas cosas que han sucedido en el pasado, recuerdos que pasan a definirnos a nosotros mismos y a nuestra historia.
Todas las interpretaciones que guarda la mente de lo que creemos ser, llegan a nosotros una y otra vez, repetitivamente, como un torrente incesante, una voz en la cabeza que nunca calla y que se ha convertido en una entidad que se ha apoderado de nosotros y nos ha llenado de hábitos mentales. (Puedo hacerlo, no podré lograrlo, estoy muy viejo, fracasaré, no tengo suficiente dinero, soy un perdedor, soy muy bajita, muy gordito, debo tener un mejor carro, una mejor casa, que pensaran de mi, nadie es como yo, ellos son unos fracasados, no me llegan ni a los pies, mira lo que yo he logrado en mi vida, esta equivocado, como puede hacer eso, estoy sola, etc.)

El contenido que tiene mi vida es la forma que adquiere aquello que pienso, percibo o experimento, es lo que absorbe toda mi atención y en el intento de entender, conocer y controlar, la mente humana confunde sus opiniones y puntos de vista con la verdad.

El despertar.

El despertar es el divorcio entre el pensamiento y la conciencia… Al despertar, reconocemos que somos el observador conciente. Concientizamos que ya el pensamiento no nos sirve para decirnos quienes somos y emitir juicios, la conciencia alerta que somos es la que toma las riendas y el pensamiento pasa a ser un servidor de la conciencia, dejando de ser la actividad autónoma de la mente, la que domina nuestra vida.

La conciencia es la conexión conciente con la inteligencia Universal... Al estar en este estado ya no existen las definiciones y al dejar de definir e interpretar cada suceso, cada persona y cada situación, los conceptos ya no son necesarios, no hay mas contenido, no hay un falso yo.
Hay un ser conciente de su presencia, con un saber más profundo, que nace de la quietud y el silencio, este saber es la inteligencia del estado de alerta, que esta más allá de los pensamientos, un espacio donde las palabras que deben ser dichas y las acciones que deben ser ejecutadas, provienen de lo profundo de ese saber y son guiadas por esta inteligencia....

No te tomes tus pensamientos demasiado en serio!... la realidad de la vida que somos es una totalidad unificada, donde todas las cosas estan entrelazadas, donde nada existe por sí mismo. El pensamiento fragmenta la realidad y nos reduce a un monton de creencias limitantes de quienes realmente somos.

Sat-Chit-Ananda
Ser-Conciencia-dicha
Tomado del libro Una Nueva Tierra, Eckhart Tolle.

"Mujer de los caminos cansados"




"Mujer de los caminos cansados" Este fue el titulo que le puse a uno de los poemas que escribí hace mucho tiempo, lo recuerdo tanto, pues como dicen por ahí, se escribe lo que se siente y realmente, así me sentía en ese momento…sin dirección y agotada, agotada de querer darle forma a mi vida, una y otra vez con las mismas piezas viejas y gastadas...por supuesto no funcionaba…

Un día de noviembre, llego el momento que tanto mi alma añoraba, sentía en mi interior que al fin se acabarían los caminos confusos, largos y solitarios…que no llegaban a ningún lado.
Ese día de noviembre, estaba dispuesto que conocería a un maestro espiritual, un lama, un lama budista del Tíbet… compasivo, grande en amor y humildad.

Ya en su casa, yacía sentada a la luz de unas velas o lámparas, como después supe que él le decía y el ambiente destilaba un suave olor a incienso. Sentía gran temor, pues no sabia que le diría, como hablar con él de mis ansiedades, de mis dolores, mi mente no callaba, estaba llena y al mismo tiempo, sentía que me embargaba una gran dicha interior…
Lentamente el Maestro se acercó a mí y muy dulcemente rompió el silencio, comenzó contándome una historia que trataba acerca de un hombre anciano y esta historia sabiamente contada, dió pie para que comenzaran a fluir mis palabras.
Le contaba que había algo en mi interior que vibraba profundamente de fe y de devoción, algo que desde allí quería y me pedía a gritos que lo dejara ser…lloraba….y con cada lagrima le escuchaba y hablaba. Le conté de un largo y profundo proceso interior que vivía y que había unido a una gran pasión por escribir... por escribir poemas.
A lo largo de ese proceso le escribí a la vida, a la mujer, al perdón, a la plenitud, al agradecimiento, a la desnudez del alma y hasta a la muerte… sentía como el escribir me llenaba de una gran inspiración y que cuando escribía, la misma reflexión a la que se llegaba en el proceso, me llenaba de mucha claridad, de luz, acerca de lo que escribía…

El maestro y yo hablamos de muchas otras cosas, y llore y rei, pero por sobre todas las cosas mi corazon vibraba!… sentía que mi alma retomaba su camino, había encontrado a mi Maestro!
Alguien que no tiene más información que darme ni que añadirme en el sentido intelectual de las palabras, que no busca llenarme de reglas ni de creencias, sino que busca ayudar a librarme de aquello que me aleja de la verdad de lo que soy y de lo que sé en el fondo de mi ser. El esta allí para descubrir y revelarme esa dimensión de profundidad interna.

Desde ese día de noviembre hasta ahora, no había vuelto a escribir, han pasado muchas cosas….pero hoy, este perfecto hoy, es diferente…aunque mantengo la misma pasión de entonces, hoy le escribo al silencio o mejor dicho, desde el silencio…desde el sutil sonido que tiene el espacio informe del silencio, de la quietud…. buscando el ser informe en mi…...
Escribo, buscando el ser informe en mi….

Gracias Maestro!
Om mani padme hum….

martes, 27 de octubre de 2009

Puedes oír la quebrada en la montaña?



Un Maestro Zen caminaba en silencio con uno de sus discípulos por un sendero de la montaña. Cuando llegaron donde había un cedro antiguo, se sentaron para comer su merienda sencilla a base de arroz y verduras. Después de comer, el discípulo, un monje joven que no había descubierto todavía la clave del misterio del Zen, rompió el silencio para preguntar: “ Maestro, como puedo entrar en Zen?” Obviamente se refería a la forma de entrar en el estado de la conciencia que es el Zen.
El Maestro permaneció en silencio. Pasaron casi cinco minutos durante los cuales el discípulo aguardó ansiosamente la respuesta. Estaba a punto de hacer otra pregunta cuando el maestro le preguntó repentinamente, “ oyes el sonido de esa quebrada en la montaña? ”
El discípulo no se había percatado de ninguna quebrada. Estaba demasiado ocupado pensando en el significado del Zen. Entonces prestó atención al sonido y su mente ruidosa comenzó a aquietarse. Al principio no oyó nada. Después, sus pensamientos dieron paso a un estado de alerta, hasta que escuchó el murmullo casi imperceptible de una quebrada en la distancia.
“Si, ahora lo oigo”, dijo.
El Maestro levantó un dedo y con una mirada a la vez dura y a la vez gentil, le dijo, “Entra al Zen desde allí”.
El discípulo quedó asombrado. Fue su satori, un destello de iluminación. Sabía lo que era el Zen sin saber que era lo que sabía.
Después siguieron su camino en silencio. El discípulo no salía de su asombro al sentir la vida del mundo que le rodeaba. Lo experimentó todo como si fuera la primera vez. Sin embargo, poco a poco comenzó a pensar nuevamente. El ruido de su mente sofocó nuevamente la quietud de su conciencia y no tardó en formular otra pregunta: “ Maestro”, dijo, “ he estado pensando. Que hubiera dicho usted si yo no hubiera logrado oír la quebrada en la montaña?”. El Maestro se detuvo, lo miró, levantó el dedo y dijo, “Entra al Zen desde allí”.